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Septiembre vuelve a llenar de pancartas las rotondas de la avenida de Elche

El taller de Ardoisekernel, en Ronda de las Flores 30, recibió el lunes 21 de septiembre once encargos de cartelería en menos de seis horas, casi todos de comercios del eje de la avenida de Elche y de la plaza de Luceros. Cada año, al terminar las fiestas, la misma oleada de rótulos improvisados tapa las mismas marquesinas.

Once encargos en una mañana de lunes

Carmen Jiménez abrió la persiana a las 9:30. A las 10:05 ya tenía tres personas de pie entre las planchas de vinilo, y ninguna venía a mirar.

La primera era un panadero de la calle San Vicente que quería un cartel de apertura para el local de al lado, cerrado desde junio; la segunda, una asociación de vecinos del barrio de Benalúa que pedía una pancarta de dos metros para colgar en la verja del colegio. La tercera fue un hombre con prisa que no explicó para qué la quería, pagó en efectivo y se fue antes de que Juan Sánchez pudiera anotar su teléfono en la libreta de tapas verdes.

El patrón se repite cada septiembre, y el taller lo conoce bien porque trabaja en Alicante desde 2015. Entre el 15 y el 30 de ese mes entran más encargos de cartelería de exterior que en los tres meses anteriores juntos, y después, ya en octubre, llega la otra mitad del negocio: gente que pide retirar lo que puso con prisa y volver a rotular la persiana como estaba.

Ninguna de las tres cosas era urgente, y las tres se pidieron como si lo fueran.

Juan Sánchez dice que la diferencia entre este año y el anterior no está en la cantidad, sino en el tipo de soporte: menos papel y más vinilo adhesivo de exterior, porque el papel se deshace con la primera lluvia de otoño. Esa lluvia, según el registro que él mismo lleva a mano, cayó el año pasado el 4 de octubre y dejó ilegibles cuarenta y tantos carteles en el trayecto entre Luceros y la plaza de Galicia, algunos todavía con la cinta puesta y otros ya en el suelo, mezclados con las hojas de los plátanos.

No hay una solución técnica que elimine el problema. El vinilo aguanta más que el papel, y una placa grabada aguanta más que el vinilo, pero nadie va a grabar en aluminio el horario de una tienda que puede cambiar en noviembre. El taller lo dice sin rodeos cuando alguien pregunta. Lo que se puede hacer es durar mejor, no durar siempre.

Once encargos en una mañana de lunes

Lo que cuesta reponer cada otoño

Marta Díaz calcula que la facturación de septiembre en cartelería de exterior supone algo más de una quinta parte del año, aunque el volumen de trabajo se concentra en pocas semanas. El dato no es un ingreso del taller; es el reparto de tareas. Francisco Domínguez, que se ocupa de compras, hace dos pedidos de vinilo en lugar del habitual, y el almacén de la calle se queda sin sitio para las planchas grandes durante casi un mes.

Los precios van desde los 18 euros de un cartel de A3 en vinilo adhesivo hasta los 140 euros de una placa de metacrilato grabado con tornillos y separadores, pasando por los 45 o 50 de una pancarta de lona con ojetes.

Son cifras pequeñas que, multiplicadas por decenas de comercios en pocos días, explican por qué el taller no cierra en esas fechas ni el sábado con cita previa.

Lo que cambia para quien vive en la zona no es el precio, sino el aspecto de la calle durante tres o cuatro semanas. Entre la plaza de Luceros y la estación de autobuses, las marquesinas amanecen con cartulinas pegadas con cinta de embalar, y algunas caen a la acera antes del mediodía; los porteros de dos fincas de la avenida de Elche han contado este año hasta siete carteles distintos en la misma farola en diez días, y ninguno era del mismo comercio, lo que da una idea bastante exacta de cómo funciona el acuerdo entre vecinos cuando no hay acuerdo.

El Ayuntamiento de Alicante tiene una ordenanza sobre publicidad exterior que limita la colocación en mobiliario urbano. El taller no discute esa norma, porque no es su trabajo. Cuando un cliente pregunta, lo que sí hace es explicarle qué soporte se retira sin dejar residuo y cuál deja marca. La respuesta casi siempre decepciona. El soporte que no deja marca es también el que dura menos.

Una solución que nadie quiere pagar en enero

La idea de una campaña conjunta de rótulos para todo el eje comercial aparece cada otoño y se disuelve cada Navidad. En octubre de 2024 se habló de un diseño común para los comercios de la calle Castaños, con un tipo de letra y un color pactados; la reunión se celebró en un local de la plaza de Gabriel Miró y asistieron catorce personas.

El problema no es la falta de voluntad, sino el calendario.

Quien paga un rótulo en octubre lo paga después de un verano flojo y antes de las compras de diciembre, y prefiere esperar a enero; en enero, el mismo comerciante ya ha resuelto el cartel con una cartulina y un rotulador, y ha dejado de ver el problema, así que la campaña conjunta se archiva sola. En enero siguiente a aquella reunión quedaban tres interesadas. Ninguna había encargado nada.

Carmen Jiménez lo resume de una manera que ha repetido tantas veces que ya la dice de memoria: en septiembre todos tienen prisa y en febrero ninguno se acuerda. No es una queja, añade, es la razón por la que el taller mantiene existencias de vinilo todo el año en lugar de comprar solo en temporada. Tener material parado seis meses cuesta dinero, y ese coste acaba dentro del precio de septiembre.

Hay excepciones que duran. Una farmacia de la calle Bailén encargó en 2021 una placa grabada para el horario y la ha mantenido sin cambios desde entonces; un estanco de la avenida de la Constitución hizo lo mismo con una placa de metacrilato y la cambió una sola vez, en 2023, al ampliar el horario de tarde. Las dos siguen ahí. Ninguna de las dos resolvió el problema general, porque el problema general no es de soportes.

Las mismas farolas, los mismos carteles

A las 8:15 de la mañana del martes 22, un vecino de la calle General Marvá grabó con el móvil una fila de carteles en la parada del autobús de la avenida de Elche y la envió a un grupo de vecinos. Alguien los contó: once. Diez eran de comercios del barrio.

Uno anunciaba una clase particular de repaso, algo que el taller no fabrica ni ha fabricado nunca.

La confusión entre lo que hace un taller de rotulación y lo que hace cualquier persona con una impresora doméstica es habitual, y el taller la corrige cuando puede. No se dedica a la enseñanza ni al asesoramiento, no tramita licencias y no coloca nada en vía pública por su cuenta; cuando un cliente pide una pancarta, la entrega y explica cómo fijarla, y lo que el cliente haga después con ella es asunto suyo y de la ordenanza municipal.

El ciclo se cierra siempre igual. Hacia el 10 de octubre, la lluvia o el servicio de limpieza retiran la mayor parte de los carteles de papel. Los de vinilo aguantan uno o dos meses más. En noviembre quedan restos de adhesivo en algunas farolas, y en diciembre ya nadie mira las farolas. En septiembre siguiente, el mismo comercio vuelve al taller con la misma prisa, y Carmen Jiménez le da cita para el mismo día.

Un negocio que vive de repetir el gesto

Ardoisekernel S.L.U. factura por encargo, no por temporada, y eso significa que un septiembre flojo se nota en la caja de noviembre. La empresa trabaja desde 2015 en el mismo local de Ronda de las Flores 30, con cuatro personas: Carmen Jiménez en citas, Francisco Domínguez en compras, Marta Díaz en administración y Juan Sánchez en recepción.

No hay delegación, ni segundo taller, ni servicio a domicilio fuera de Alicante.

El teléfono 965 432435 suena más entre el 15 y el 30 de septiembre que en cualquier otro periodo de quince días del año, y el correo [email protected] recibe esos mismos días consultas de comercios que preguntan por plazos antes que por precios; la respuesta casi siempre es la misma, se puede tener el cartel en dos o tres días laborables y antes no. El horario de atención es de lunes a viernes, de 9:30 a 14:00 y de 16:00 a 19:00. El sábado se atiende solo con cita previa.

Nadie en el taller espera que este año sea distinto. La rotulación no arregla el calendario comercial de un barrio ni la falta de acuerdo entre comercios vecinos, y prometer lo contrario sería vender algo que no existe. Lo que sí puede hacer el taller es tener el vinilo en existencias, dar cita para el mismo día y entregar un cartel que dure hasta que llegue la lluvia. Es poco, y es exactamente lo que se le pide cada septiembre.

La idea de una campaña conjunta de rótulos para todo el eje comercial aparece cada otoño y se disuelve cada Navidad.

Marta Díaz, Administración

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