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La persiana de Ronda de las Flores 30 vuelve a subir el 1 de septiembre

El taller de rotulación Ardoisekernel reabre el 1 de septiembre tras catorce meses con la persiana bajada, y lo hace con el mismo equipo que lo cerró en junio de 2025: cuatro personas, ninguna nueva.

Catorce meses con la persiana echada

El 27 de junio de 2025, a las 13:40, Marta Díaz bajó la persiana metálica de Ronda de las Flores 30 y colgó un folio plastificado en el que solo se leían dos líneas: el teléfono 965 432435 y la dirección ardoisekernel.click. No hubo cartel de liquidación, ni nota de despedida, ni pancarta de traspaso.

Durante catorce meses ese folio ha sido lo único visible del local, salvo el rectángulo más claro que dejaron las letras de vinilo al despegarse a finales de 2025. La nave mide 94 metros cuadrados y tiene dos puertas: la de la calle, con rejilla, y la del patio interior, que da a un bloque de viviendas de 1978. Los vecinos del patio han visto entrar y salir furgonetas de otras empresas durante este tiempo, pero ninguna relacionada con el taller. Lo que ha ocurrido dentro es más prosaico de lo que suele imaginarse: máquinas paradas, un contrato de suministro renegociado dos veces y una sociedad, Ardoisekernel S.L.U., que siguió presentando cuentas mientras el negocio no facturaba un euro. En la acera de enfrente, la panadería de la esquina cambió de manos en marzo de 2026 y ahora abre de 6:30 a 14:00. El quiosco de prensa de la avenida aguantó hasta enero.

La vida de la calle siguió sin el taller.

Nadie del barrio supo explicar entonces por qué había cerrado, y tampoco hubo nadie que preguntara demasiado, porque en una ciudad de trescientos mil habitantes un local cerrado deja de ser noticia en cuestión de semanas y pasa a formar parte del paisaje cotidiano como una persiana más entre las muchas que ya no suben.

Catorce meses con la persiana echada

Qué encontró Carmen Jiménez al volver

Carmen Jiménez, que lleva las citas desde 2017, fue la primera en entrar de nuevo, el 11 de agosto. Abrió con la llave de siempre y se encontró con una capa de polvo de catorce meses sobre la mesa de corte, tres rollos de vinilo caducados y el ordenador de recepción que tardó cuarenta minutos en arrancar. «Lo primero que hice fue abrir la puerta del patio para que corriera el aire, porque olía a plástico viejo y a cerrado», cuenta. Tardó dos días en vaciar la nevera y cuatro en comprobar qué materiales seguían sirviendo.

De los once rollos que había en el almacén, siete estaban inservibles.

El servicio técnico del plotter vino el 14 de agosto y facturó 187 euros por la puesta a punto y la sustitución de la cuchilla. La grabadora láser arrancó sin problemas, aunque Marta Díaz prefiere esperar a la primera semana de trabajo real para fiarse de ella. El teléfono fijo, en cambio, estuvo dando tono durante todo el cierre. La línea se mantuvo por 38 euros al mes, una decisión que ahora ahorra tener que recuperar el número desde cero y volver a imprimir tarjetas para repartir entre las gestorías y los administradores de fincas que solían llamar cada dos o tres meses.

Juan Sánchez atendió el mostrador durante la visita del 18 de agosto y tomó nota de siete encargos en una sola mañana, antes de que hubiera fecha de apertura publicada. Seis eran de clientes antiguos.

Lo que se ha movido en el barrio

El cierre coincidió con una temporada complicada para el pequeño comercio de la zona. Entre 2024 y 2026 echaron la persiana en el entorno de la plaza de Manila un estanco, una mercería y dos locutorios, según el recuento que hace la asociación de comerciantes con las altas y bajas del registro de actividad. No es una hecatombe, pero sí un goteo que se nota cuando alguien necesita un servicio concreto y descubre que ya no existe.

Un encargo de la gestoría de Benalúa llegó sin saber si el taller seguía vivo.

Francisco Domínguez, responsable de compras, ha aprovechado el parón para cambiar de proveedor de vinilo; trabaja ahora con un distribuidor de Elche que sirve en 48 horas y factura por transferencia a 30 días, en lugar del pago inmediato que exigía el anterior. «Gano menos margen por rollo, pero no tengo que adelantar el dinero cada vez que hago un pedido», explica. El primer envío llegó el 20 de agosto: cuatro rollos de vinilo de corte y dos planchas de aluminio anodizado.

El taller no toca instalaciones eléctricas, ni circuitos de frío, ni vehículos, ni la fábrica del edificio, y tampoco aplica productos biocidas, una delimitación que mantiene desde 2015 y que explica por qué algunos clientes que preguntaron por otros trabajos se fueron a otra parte durante el cierre y no han vuelto a llamar.

Las citas de la primera semana

La agenda de la primera semana está medio llena. Carmen Jiménez ha reservado el lunes 1 para tres visitas de medición, el martes para dos instalaciones de rótulo exterior y el miércoles para recoger un pedido de veinte placas de metacrilato destinadas a una comunidad de vecinos de la calle San Vicente.

El horario vuelve a ser el de siempre: de lunes a viernes, 9:30 a 14:00 y 16:00 a 19:00, y sábado solo con cita previa.

El teléfono 965 432435 ya está operativo y el correo [email protected] responde desde el 12 de agosto. Las consultas que llegan por esa vía se contestan el mismo día laborable si entran antes de las 17:00. Por debajo de esa hora, la respuesta suele tardar menos de tres horas.

Nadie en el taller promete plazos cerrados para encargos grandes. Un rótulo de fachada de dos metros puede estar listo en cinco días laborables si el material está en almacén, y en doce si hay que pedirlo, un margen que prefieren dejar ancho antes que arriesgarse a fallar a una comunidad que ha esperado catorce meses para volver a tener un taller de rotulación a menos de diez minutos andando desde la parada del tranvía de la plaza de los Luceros, donde cada mañana suben y bajan cientos de vecinos que quizá nunca han entrado aquí pero saben que el local existe porque pasan por delante.

Un local pequeño en una ciudad que cambia

Alicante ha visto abrir y cerrar cientos de locales pequeños en la última década, y el patrón se repite: aguanta quien tiene un servicio difícil de sustituir en la misma manzana. La rotulación es uno de ellos. Una comunidad de vecinos que necesita renovar los números de portal no va a resolverlo por internet con la misma facilidad con que pide una pizza, y una empresa que cambia de nombre necesita vinilos el mismo mes, no el siguiente.

El bloque donde está el taller cumple cincuenta años en 2027 y la comunidad ha pedido presupuesto para renovar la placa de la entrada, que tiene las letras desgastadas desde hace al menos ocho años. Es un encargo de 240 euros, pequeño, pero de los que fijan un cliente para una década.

El mercado del vinilo ha cambiado poco en catorce meses: los precios han subido alrededor de un 6% y los plazos de entrega se han estirado dos días de media.

Nada obliga a rehacer el negocio.

Lo que no cambia

El equipo sigue siendo el mismo: Carmen Jiménez en citas, Francisco Domínguez en compras, Marta Díaz en administración y Juan Sánchez en recepción. Ardoisekernel S.L.U. mantiene la única dirección de Ronda de las Flores 30, 03112 Alicante.

No hay sucursal, ni taller auxiliar, ni punto de recogida en otro barrio.

La empresa trabaja desde 2015 y no ha cambiado de actividad: rótulos pintados y en vinilo, placas de puerta, placas grabadas y gráficos para escaparates. Tampoco ha añadido servicios nuevos ni piensa hacerlo. Quien llame preguntando por una instalación eléctrica recibirá un no claro y, si lo pide, el nombre de un profesional del barrio.

La persiana sube el 1 de septiembre a las 9:30. Ese día, a esa hora, habrá alguien detrás del mostrador, con la misma llave, el mismo teléfono y la misma dirección que aparecían en aquel folio plastificado de junio de 2025.

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