De dónde sale cada dato
La primera fuente es la persona que llama al 965 432435 o escribe a [email protected].
Carmen Jiménez atiende las citas y anota lo que se le cuenta, pero no da nada por bueno hasta que lo ve escrito, porque un cliente puede decir por teléfono que su rótulo mide dos metros y medio y luego resultar que mide dos metros y treinta y ocho centímetros, y esa diferencia de doce centímetros decide si el vinilo se corta de una pieza o de dos, así que se mide antes de presupuestar y se anota la medida con fecha en la ficha del encargo. Las fuentes secundarias son planos municipales, fichas catastrales y fotografías que el propio cliente envía. Si alguien manda una foto de la fachada de un bar en el barrio de Santa Cruz, se mira la perspectiva, se corrige la distorsión y se calcula la superficie. No se fía nada a la memoria ni a lo que dijo el anterior propietario del local. Cuando el encargo es una placa conmemorativa para una asociación de vecinos, la fuente es el acta de la junta. Sin acta, no hay texto.
Juan Sánchez lo tiene claro desde 2015: si no está por escrito, no se graba. En lo que va de año hemos rechazado cuatro encargos por falta de documentación del texto que debía reproducirse.
La verificación antes del corte
Verificar no es repetir lo que ya se sabe. Es buscar el error antes de que llegue a la máquina. No se trata de desconfiar del cliente, sino de que el material no se desperdicie por un detalle que se podía haber visto en una hoja de papel.
Marta Díaz revisa cada pedido contra el albarán del proveedor de vinilo y de planchas de aluminio, comprueba que el color del rollo coincide con la referencia y que el grosor del material resiste la intemperie en una ciudad con nueve meses de sol fuerte, y si el proveedor cambia de lote hace una prueba de adherencia en un recorte que se guarda en el archivo del año.
En los rótulos de escaparate, la verificación incluye medir la distancia desde el bordillo hasta la línea de la persiana. Un rótulo que sobresale ocho centímetros puede ser legal en una calle ancha y problemático en un callejón del casco antiguo. No damos por hecho que el ayuntamiento de Alicante autorice cualquier vuelo.
Francisco Domínguez, que lleva las compras, tiene una regla sencilla: si el fabricante no envía ficha técnica, no se compra. Esa regla nos ha ahorrado más de un disgusto con vinilos que se despegaban a los seis meses.
Aun así, no todo se comprueba en el taller.
Correcciones: cuando el error ya está impreso
Ningún taller es infalible. La diferencia está en lo que ocurre después. Un error detectado a tiempo se corrige con una llamada; un error detectado en la pared del cliente se corrige con una visita, una grúa y una disculpa, y eso cuesta más a todos.
Si un nombre aparece mal escrito en una placa grabada, se repone. El coste lo asume Ardoisekernel S.L.U. cuando el error salió de aquí; si el error vino de un texto que el cliente aprobó por escrito, se negocia una repetición a precio de material, y esa conversación se tiene antes de grabar, no después, porque discutir quién tuvo la culpa con la placa ya atornillada en la pared no arregla nada y solo retrasa la solución.
Un caso real: en marzo de 2023, una placa para una peña de la calle San Vicente se grabó con una fecha equivocada. Se detectó en el montaje, no en la entrega. Se rehízo en dos días y el cliente no pagó nada.
Las correcciones no se acumulan en un cajón; se anotan en una hoja de incidencias que se revisa los lunes por la mañana, antes de abrir al público. Si un mismo tipo de error se repite tres veces, se cambia el procedimiento, no se pide al operario que tenga más cuidado.
Para avisos de errores en trabajos ya instalados, el correo [email protected] es la vía más rápida. Se responde en horario de oficina.
Qué pasa con un aviso o una pista
Un aviso puede llegar por teléfono, por correo o en persona. No hay formulario ni buzón anónimo.
Cuando alguien llama para decir que un rótulo de un comercio de la avenida de Denia está descolgado, se apunta la dirección exacta, la hora y quién lo comunica, y si es un cliente se le da prioridad, mientras que si es un vecino se comprueba primero si el rótulo es nuestro, porque no tiene sentido desplazar a nadie para reparar el letrero de la competencia. La comprobación es sencilla: se busca en el archivo de encargos por dirección y por año. Si el trabajo se hizo en 2019 y ya no está en garantía, se avisa al propietario y se le pasa un presupuesto de reparación. No se toca nada sin permiso. Si el aviso es sobre un error en un texto que ya está en la calle, se actúa igual: se verifica, se documenta y se propone una solución. Los avisos no se usan para vender otros servicios.
Un aviso bien dado ahorra dinero a todos. Un aviso vago hace perder una mañana.
Lo que no hacemos
No tocamos instalaciones eléctricas, ni cableado, ni cuadros de luz. Si un rótulo necesita alimentación, se coordina con un electricista ajeno al taller.
Tampoco intervenimos en vehículos, ni en cámaras frigoríficas, ni en la estructura de un edificio. No aplicamos pesticidas ni biocidas. No somos gestores ni asesores legales, financieros o educativos, y no decimos que lo seamos.
La sede es una sola: Ronda de las Flores 30, 03112 Alicante. No hay delegación en Elche, ni en San Vicente del Raspeig, ni en ningún polígono industrial de la provincia.
Atendemos de lunes a viernes, de 9:30 a 14:00 y de 16:00 a 19:00. El sábado solo con cita previa.
Trabajamos desde 2015. Ni un año más, ni un año menos.